Cuaderno de taller

Encaje de bolillos: del mundillo y el picado a la pieza terminada

Un cuaderno abierto sobre el trabajo de bolillos tal y como se practica hoy en España: la preparación del mundillo, la lectura del picado, los cruces que sostienen cualquier labor y los cuidados que necesita la pieza una vez retirada de los alfileres.

El encaje de bolillos se aprende con las manos, pero también con la cabeza: casi todos los apuros de las primeras semanas —hilos que se destensan, alfileres que se tuercen, dibujos que no cierran— vienen de decisiones tomadas antes de cruzar el primer par. Estas páginas describen esas decisiones con detalle y en orden, desde cómo se monta el puesto de trabajo hasta cómo se guarda la labor terminada.

Manos sosteniendo un grupo de bolillos de madera con hilo rojo sobre un mundillo cubierto de alfileres
Bolillos devanados con hilo rojo sobre el mundillo: los alfileres sujetan los cruces mientras la labor avanza. Imagen editorial de archivo, sin relación con ninguna persona o taller concretos.
01 — Soporte

El mundillo, los alfileres y el picado

El mundillo es la almohadilla firme sobre la que descansa toda la labor. Firme es la palabra importante: si al clavar un alfiler este se hunde sin resistencia o se inclina al menor tirón del hilo, el dibujo se deforma antes de que el error sea visible. Un relleno compacto de serrín, viruta fina o paja prensada mantiene el alfiler vertical durante semanas; los rellenos blandos de guata ceden enseguida y obligan a reclavar constantemente.

En España conviven varias formas heredadas. El mundillo cilíndrico, montado sobre un caballete de madera y girado a medida que la labor avanza, permite trabajar tiras largas —puntillas, entredoses, encajes de cinta— sin desmontar nada. La almohadilla plana, redonda o cuadrada, se ajusta mejor a piezas cerradas como pañuelos, tapetes o abanicos, donde los pares giran alrededor de un centro. La elección no es una cuestión de gusto: condiciona la dirección en la que crecerá el trabajo.

Sobre el mundillo se fija el picado, la cartulina perforada que guarda el dibujo. Se emplea cartulina resistente de entre 0,3 y 0,5 mm, lo bastante rígida como para que el agujero no se ensanche cuando el alfiler entra y sale varias veces. Conviene forrar el mundillo con una tela lisa de color oscuro antes de colocar el picado: el contraste ayuda a distinguir el hilo claro y protege el relleno del roce continuo.

Alfileres: longitud, grosor y cabeza

Los alfileres de bolillos son más finos y más largos que los de costura. Un grosor de 0,5 a 0,6 mm sirve para la mayoría de los hilos de lino medios; para hilos muy finos conviene bajar a 0,4 mm, porque un alfiler grueso abre el agujero del picado y desplaza el punto. La cabeza redonda de vidrio se sujeta bien con los dedos, pero sobresale y engancha el hilo; la cabeza plana molesta menos, aunque cuesta más extraerla. Muchas labores combinan las dos: cabeza de vidrio en los bordes, donde hay que manipular a menudo, y cabeza plana en el interior del dibujo.

  • Comprobar que el relleno del mundillo resiste el alfiler sin ceder al tirar del hilo.
  • Forrar el mundillo con tela lisa y oscura antes de colocar el picado.
  • Fijar el picado con alfileres en las cuatro esquinas y comprobar que no se mueve al girar el cilindro.
  • Ajustar el grosor del alfiler al grosor del hilo, no al revés.
  • Retirar los alfileres torcidos: no vuelven a entrar rectos y desplazan el punto.
02 — Preparación

Devanar los bolillos y sostener la tensión

Los bolillos trabajan siempre por pares y se devanan de dos en dos, dejando entre ambos un tramo de hilo suficiente para el primer tramo de labor. La cantidad de hilo enrollado depende de la pieza: para una puntilla larga conviene cargar bien los bolillos, porque empalmar en mitad del trabajo deja siempre una marca; para una muestra pequeña, un exceso de hilo estorba y enreda.

El hilo se enrolla en el mismo sentido en todos los bolillos, con las vueltas juntas y sin montar unas sobre otras. Una madeja mal devanada se afloja al primer giro y obliga a parar cada pocos minutos. El bucle de retención —media vuelta que se echa sobre el cuello del bolillo— permite soltar hilo poco a poco sin que el peso lo desenrolle solo; conviene revisarlo cada vez que se alarga un par, porque si se aprieta demasiado el hilo se marca.

La tensión es la habilidad que más tarda en llegar y la que más se nota en el resultado. No se trata de tirar fuerte, sino de tirar igual: los cuatro hilos que intervienen en un cruce deben quedar con la misma firmeza antes de clavar el alfiler. Un tirón desigual se traduce en un punto abierto en un lado y apretado en el otro, y ese desajuste se arrastra filas abajo. Ayuda mucho trabajar con los bolillos apoyados sobre el mundillo, dejando que su peso haga parte del trabajo, y ordenar los pares en abanico para no perder de vista cuál sigue.

Señales de que la tensión no acompaña

  • El borde de la labor ondula aunque el picado sea recto.
  • Los agujeros de la red quedan de tamaños distintos en la misma fila.
  • El hilo se riza al retirar el alfiler, señal de que estaba forzado.
  • La labor se estrecha o se ensancha respecto a la anchura marcada en el picado.

Una pausa larga también deja huella: al volver, los pares han cedido de forma desigual. Antes de retomar el trabajo conviene recorrer la última fila par por par y recuperar la tensión perdida.

Detalle de una labor de encaje de bolillos en curso sobre un picado naranja, con alfileres clavados y bolillos colgando
Labor en curso: el dibujo crece hacia abajo mientras los alfileres retienen los cruces ya cerrados. Imagen editorial de archivo.
03 — Fundamentos

Punto de lino, punto de red y trenza

Casi todo el encaje de bolillos se construye con dos movimientos: cruzar y torcer. Cruzar es pasar un hilo por encima de otro dentro del mismo par; torcer es intercambiar los hilos entre dos pares contiguos. Toda la variedad de puntos nace de combinar esos dos gestos en distinto orden y número.

El punto de lino, llamado también punto entero o tela, se obtiene con la secuencia cruzar, torcer, cruzar. Produce una superficie compacta y opaca, parecida a un tejido, y forma los cuerpos macizos del dibujo: hojas, pétalos, cintas, bandas. Su calidad depende de la regularidad: basta que una sola fila vaya más floja para que la tela pierda el aspecto de tejido.

El punto de red se consigue añadiendo torsiones a los pares antes y después del cruce, de modo que entre los hilos quede un hueco regular. Es el fondo transparente que rodea a los motivos macizos y el que más delata la tensión: cuanto más abierto es el punto, más visible resulta cualquier desigualdad.

La trenza es un par de pares trabajados repetidamente entre sí, sin alfiler intermedio, que avanza como un cordón fino. Sirve de enlace entre zonas del dibujo, dibuja tallos y rejillas y, con un pequeño añadido de hilos, da lugar a los nudos y picos que puntean el fondo.

Orden recomendable para practicar

  • Bandas rectas de punto de lino de tres a cuatro centímetros de ancho.
  • Fondo de red con la misma separación de alfileres en todo el ancho.
  • Trenzas rectas y luego trenzas con cambio de dirección.
  • Alternancia de lino y red dentro de una misma tira, para comparar tensiones.
04 — Lectura

Leer el picado antes de cruzar el primer par

Un picado no es un dibujo decorativo, sino un conjunto de instrucciones. Los puntos perforados marcan la posición exacta de cada alfiler; las líneas que los unen indican el recorrido de los pares; los trazos más gruesos suelen señalar las zonas macizas y los más finos, el fondo. Antes de montar nada conviene recorrer el dibujo con el dedo y responder a tres preguntas: por dónde entra el trabajo, cuántos pares hacen falta y dónde se repite el motivo.

El número de pares se deduce contando los puntos de arranque de la primera fila, más los pares de los bordes. Si el picado no lo indica, es preferible calcularlo antes que improvisar: montar de menos obliga a añadir pares en mitad de una zona maciza, y ese remiendo se ve. El módulo de repetición —la porción del dibujo que se repite a lo largo de la pieza— conviene marcarlo con un lápiz suave en un lateral del picado, para poder comprobar el avance sin contar filas cada vez.

El picado se desgasta. Tras varias repeticiones los agujeros se ensanchan y el alfiler deja de asentar. Copiarlo antes de que ocurra, sobre cartulina nueva y con los agujeros abiertos con una aguja gruesa montada en un mango, evita perder un dibujo que quizá no sea fácil de reponer. Al copiar conviene anotar en el margen el grosor del hilo empleado y el resultado obtenido: dos labores del mismo picado con hilos distintos dan piezas de tamaño y carácter muy diferentes.

Anotaciones útiles en el margen del picado

  • Número total de pares y pares de cada borde.
  • Grosor y material del hilo usado.
  • Ancho real obtenido en la muestra.
  • Puntos del dibujo donde se añaden o se retiran pares.
  • Fecha y observaciones sobre lo que conviene corregir la próxima vez.
05 — Materiales

Hilo de lino e hilo de algodón: grosores y carácter

El lino es el hilo tradicional del encaje de bolillos y sigue siendo el que mejor sostiene el dibujo. Tiene poca elasticidad, apenas se estira al tensar y conserva la forma del punto tras el lavado; a cambio es menos uniforme, suelta pelusa al principio y resulta más áspero en la mano. El algodón mercerizado es más regular, más brillante y más cómodo para aprender, pero cede ligeramente bajo tensión, lo que suaviza los contornos de las zonas macizas.

La numeración despista porque no es única. En los hilos de lino, un número mayor indica normalmente un hilo más fino, y los grosores habituales para labores de aprendizaje se sitúan en la franja media; los hilos muy finos se reservan para piezas pequeñas de gran densidad. En el algodón conviven varios sistemas de numeración según el fabricante, de modo que la única comparación fiable es práctica: montar una muestra corta del mismo picado con cada hilo y medir el ancho obtenido.

La relación entre hilo y picado es la decisión que más condiciona el resultado. Un hilo demasiado fino para la separación de alfileres deja un encaje flojo, con huecos visibles en las zonas de tela; un hilo demasiado grueso hace que el punto de lino se amontone y que la red pierda su transparencia. Como orientación, la tela debe cubrir el espacio entre alfileres sin apretarse, y la red debe mostrar aberturas del mismo tamaño que el propio punto.

Comprobación rápida antes de empezar una pieza larga

  • Montar cinco centímetros del picado con el hilo elegido.
  • Medir el ancho de la muestra y compararlo con la medida del dibujo.
  • Observar si la tela queda cerrada y la red, regular.
  • Si hay diferencia de más de un par de milímetros, cambiar de grosor antes de continuar.
06 — Construcción

Encaje continuo y encaje de cintas

Las labores de bolillos se organizan de dos maneras distintas, y entender la diferencia ahorra muchos desconciertos al leer un dibujo nuevo.

En el encaje continuo, también llamado de pares, todos los pares se montan al principio y recorren la pieza de un extremo al otro. El fondo y los motivos se construyen a la vez, con los mismos hilos, y el número de pares se mantiene prácticamente constante. Es la lógica de las puntillas y los entredoses clásicos: el trabajo avanza en una dirección y la anchura está fijada desde la primera fila. Exige montar muchos pares de golpe y mantenerlos ordenados, pero el resultado no tiene enlaces visibles.

En el encaje de cintas, el dibujo se construye con una banda continua —normalmente de punto de lino— que recorre el motivo dando vueltas sobre sí misma. Cuando la cinta se encuentra con una parte ya trabajada, ambas se unen mediante un enganche hecho con ganchillo fino, pasando un hilo por el punto correspondiente del borde ya terminado. Se trabaja con pocos pares, lo que hace el manejo más ligero, y permite figuras curvas y motivos grandes que serían impracticables con pares continuos; a cambio, la pieza depende de la calidad de cada enganche.

Cómo reconocer cada tipo en un dibujo

  • Si el picado muestra un fondo regular que atraviesa toda la pieza, se trabaja por pares continuos.
  • Si el dibujo está formado por una banda que se cruza consigo misma, es encaje de cintas.
  • Los puntos de enganche suelen aparecer marcados como pequeños círculos sobre el borde de la cinta.
  • Un número de pares bajo indicado junto al dibujo casi siempre apunta a trabajo de cintas.

Muchas piezas combinan ambas lógicas: motivos de cinta rodeados por un fondo de red trabajado con pares continuos. En ese caso el orden de trabajo suele indicarse con números en el propio picado.

07 — Acabado

Retirar la labor, lavarla, almidonarla y guardarla

Retirar la pieza del mundillo es un momento delicado, porque hasta ese instante los alfileres han estado sosteniendo la forma. Antes de sacar ninguno conviene rematar los hilos: los pares se anudan de dos en dos junto al borde, el nudo se asienta con una aguja y los cabos se cortan dejando unos milímetros que después se esconden dentro de la propia tela del encaje. Los alfileres se retiran despacio y en el mismo orden en que se clavaron, sujetando la labor con la otra mano para que no tire hacia un lado.

El lavado se hace a mano, en agua tibia con un jabón neutro, sin frotar y sin retorcer. La pieza se mueve suavemente dentro del agua, se aclara varias veces y se prensa entre dos toallas para retirar el exceso de humedad. El lino recién lavado encoge un poco y el punto se cierra: es un efecto esperado que mejora el aspecto de la tela.

El almidonado devuelve cuerpo a la pieza y hace que el dibujo se lea mejor. Se prepara una solución ligera, se sumerge el encaje hasta que quede empapado de manera uniforme y se retira el sobrante. Después, todavía húmeda, la pieza se coloca sobre una superficie forrada y se fija con alfileres inoxidables punto por punto, estirando hasta recuperar las medidas originales del picado. Se deja secar al aire, lejos de fuentes de calor directo, y solo se retiran los alfileres cuando está completamente seca.

Conservación

  • Guardar la pieza plana o enrollada sobre un tubo forrado, nunca doblada con marcas fijas.
  • Envolverla en papel libre de ácido o en tela de algodón lavada.
  • Evitar cajas de plástico cerradas y armarios húmedos.
  • Mantenerla fuera de la luz directa, que amarillea el lino con el tiempo.
  • Revisarla una vez al año y cambiar el punto de enrollado.
08 — Puesto de trabajo

Herramientas y organización del espacio

El trabajo de bolillos ocupa poco espacio pero exige que ese espacio esté bien resuelto. La altura es lo primero: el mundillo debe quedar de modo que los antebrazos descansen con naturalidad y los hombros no suban. Un caballete regulable resuelve la mayor parte del problema; si no se dispone de él, unos libros bajo la almohadilla y una silla con respaldo firme cumplen la misma función.

La luz debe llegar de frente o desde el lado contrario a la mano dominante, para que la sombra de los dedos no caiga sobre el punto. Una lámpara de brazo con luz neutra evita la fatiga que produce trabajar con hilo blanco bajo una bombilla cálida. El fondo oscuro bajo el picado ayuda igual que la luz.

Equipo básico

  • Mundillo firme y, si se trabaja en tiras largas, un caballete estable.
  • Bolillos en número suficiente para el picado más ancho que se vaya a trabajar, todos del mismo peso.
  • Alfileres de varios grosores, inoxidables, guardados en un alfiletero.
  • Ganchillo fino para los enganches y aguja de zurcir sin punta para asentar nudos.
  • Tijeras pequeñas de punta fina, reservadas solo para el hilo.
  • Cartulina para picados, punzón o aguja con mango y regla milimetrada.
  • Tela oscura de forro y una funda limpia para cubrir la labor entre sesiones.

Cubrir el mundillo al terminar cada sesión es un hábito pequeño con efecto grande: el polvo se posa sobre el hilo tensado y, una vez incorporado a la tela, ya no sale del todo con el lavado.

09 — Publicaciones

Qué se publica en Grakarvebru

Grakarvebru es un proyecto informativo y editorial dedicado exclusivamente al encaje de bolillos. Lo que aquí se publica son textos explicativos escritos a partir de la práctica habitual de este oficio: descripciones de procedimientos, aclaraciones de vocabulario técnico y listas de comprobación pensadas para consultar antes o durante el trabajo.

  • Explicaciones de los elementos básicos y de la secuencia de movimientos que los forma.
  • Notas sobre la preparación del mundillo, del picado y de los alfileres.
  • Criterios para elegir hilo según el dibujo y la separación de alfileres.
  • Descripción de las dos formas de construir una pieza: pares continuos y cintas enganchadas.
  • Procedimientos de acabado, lavado, almidonado y conservación.
  • Vocabulario del taller, con los términos que aparecen en los picados.

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10 — Contacto

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